La proliferación en los últimos años de los videojuegos indies puede habernos creado a la impresión de que, en realidad, crear un videojuego es algo sencillo y a alcance de todo el mundo. Esta impresión, sin ser del todo falsa, está bastante lejos de la realidad: aunque es cierto que con suficiente perseverancia casi cualquier puede crear un videojuego (la calidad del mismo ya es un tema aparte), el desarrollo de éste está muy lejos de ser un proceso sencillo. Pero, ¿cómo se crea realmente un videojuego? ¿Cómo llegan las ideas desde la mesa de diseño hasta el producto terminado y distribuido?
Como os podréis imaginar, todo comienza con una idea. A poder ser, una buena idea. Rara vez se tiene todo el concepto de lo que será el juego en la cabeza cuando uno se pone a diseñar, aunque por supuesto sería lo ideal. En general, hay alguien que dice "sería genial tener una pistola de portales" y acto seguido alguien contesta "¿sabes? Creo que podríamos hacer un juego de puzzles con algo así". Y probablemente después se pidan otra ronda. El paso de tener una idea original no es obligatorio (no hay más que ver la profusión de clones que existen en el mercado de los videojuegos), pero sí muy recomendable. Si carecemos completamente de creatividad, siempre podemos hacer un remake o una copia más o menos descarada de algo que esté funcionando bien en el mercado, pero para este artículo supondremos que hemos tenido una idea genial.
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